sábado, 4 de agosto de 2018

No te necesito


Pero te elijo.

No eres el motivo de mi felicidad. Pero construimos infinitud de momentos y sensaciones felices estando juntos. Porque juntos es más. Y mejor. Yo, conmigo bien y tú contigo bien, el "juntos" cobra todo su sentido. Y no hay otra forma. No la hay.

De la dependencia emocional solo empiezas a curarte cuando has tocado fondo. Cuando has tocado fondo y eres consciente de que no estás por la labor de sufrir ni un solo segundo más. Sufrir es opcional. Aunque nos han educado para creer que la vida es dura y en la vida hay dolor, no nos han enseñado a educar la mente. Asumimos el sufrimiento como parte de la vida, sin hacer mucho más por él, que ponerle parches y aliviarlo momentáneamente... hasta que pasa un poco o vuelve otra vez.
Insisto, el dolor es inevitable. Pero el sufrimiento es opcional. Sufrimos por cosas que no han pasado, que no están ocurriendo y con las que nos machacamos una y otra vez. Pero no existen. Nuestra mente está continuamente dando forma a nuestros mayores miedos y peores inseguridades para recordarnos cosas que podrían pasar "y si...".

Pero todo está en nuestra cabeza. No hay más allá que el aquí y el ahora mismo, lo que ven tus ojos, lo que tienes delante y lo que puedes observar cuando giras alrededor. Todo lo demás es fruto de tu imaginación, de tus sospechas, de lo que tu mente crea para perturbarte. Ahí nace el sufrimiento. Cuando le dejas crear. Y te lo crees. Pero estás creyéndote algo inexistente. Y tienes miedo.

El miedo a perder algo que crees que necesitas te hace sufrir. Hace que te machaques, dejando que tu mente haga de cualquier circunstancia, una oportunidad para tener miedo. Te vuelves dependiente y dejas tu propia felicidad en manos de otra persona, esperando que la cuide bien.
Error. Creer que nuestra felicidad es y depende de otra persona, y que todo lo que diga o haga, es el motor de nuestras emociones y acciones. Aquí es cuando empiezas a destruir lo que estabas construyendo.

Lo único que necesitas es estar bien tú. Conocerte. Conocerte conscientemente. Amarte, amarte a ti mismo, mucho antes que empezar a amar a otra persona. Estar contigo mismo, educar tu mente y no dejar que de forma a lo que te perturba. Ser muy consciente de que lo que sí está en tus manos es el trabajo de escoger qué pensar y cómo hacerlo.

Es complicado, sí. Pero sufrir lo es mucho más. Y no quiero. No queremos.
Porque nos queremos.




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