viernes, 29 de julio de 2011

Señales

Voy sola, sin frenos, sin dirección. Acabo de salir a una enorme carretera donde me cruzo con infinitud de vías. Especialmente veo tres. Pero no sé por donde girar, ni qué dirección tomar. Lo peor mejor, es que no puedo parar. Insisto, voy sin frenos. Sola, avanzo todo recto. Despacio, porque no tengo prisa por llegar a ningún lado. Pero sí despacio. No sé donde quiero llegar, pero sí se como quiero hacerlo. Tiene que ser bien. El destino que se ve a lo lejos es bonito. Aparentemente bonito. Está lejos, pero el camino es agradable. No hay baches, no me hace ir rápido ni me obliga a esquivar obstáculos. Simplemente... deja que vaya como yo quiero, haciéndome el recorrido lo más cómodo posible. Sé que hay más direcciones. Casi no he arrancado, y ya veo  posibles giros, incluso retrocesos. Pero no hay señales. Y si las hay, no se ven bien. Las necesito más grandes. No prometo un desvío seguro, pero sí el meditarlo. Y por qué no, tomarlo si me convence. Y es que, como ya he dicho, voy sin frenos y sin prisa. Lo único que tengo es ganas. Ganas de tener un viaje agradable. Solo necesito unas buenas señales en imperativo que me indiquen y ayuden en mi recorrido. 

miércoles, 27 de julio de 2011

Defectos

Cuando lo que más te gusta de una persona, son sus defectos... lo descubres. Te descubres a tí misma enamorándote. Enamorada. Enamorada de todo lo que caracteriza su parte "negativa". De todo, absolutamente de todo. Yo una vez lo estuve. No encontré jamás nada que no me gustara, con lo que no estuviera dispuesta a convivir el resto de mis días. La simple idea de tener que pasar a su lado toda una vida no me agobiaba en absoluto. No como lo hacía el pensar que pudiera ser con cualquier otra. Claro, había cosas que me desquiciaban. Pero de las que después me reía. Cosas insignificantes que más tarde me demostraban que solo eran ingredientes para hacer cada momento único. Así te tiras años... y más años. Creyendo que nunca, nada, jamás podrá hacerte cambiar de parecer. Porque lo que sientes es tan inmensamente fuerte... que la letra de cualquier canción de tu ídolo se te queda pequeña. Porque crees que con eso basta, que nada lo romperá. Ni si quiera su indiferencia ni su consistente y rotundo "no". Ni su seguridad ante tus ojos tristes o tu sonrisa a medias. Él sabe que no es para tí, mientras tú sigues dudándolo. Y te juras que cambiarás y detestarás cada uno de esos defectos... sin éxito alguno. Porque incluso cuando estabas segura de haberlo conseguido... recaías. Sí, lo hacías. Recaías, pero hasta... aquí.
Porque a veces el tiempo da un giro completamente inesperado y te coloca en lo más alto. Y te da el control de lo que sentir. Y lo aprovechas. Lo tomas con fuerza, con más fuerza que nunca, para desprenderte de todo lo que ya no quieres contigo. Que no tienes porqué seguir así, y como lo sabes con más certeza que nunca... te sueltas. Y empiezas a volar. Y empiezas a ser tú. La de verdad. Empiezas a moverte en una pista que todavía no se ve bien... pero que está ahí. Y hay parejas de baile a montones que quieren bailar contigo. Tú no estás segura. No estás segura de nada. Pero da igual, porque no tienes prisa, solo muchas, pero que muchísimas ganas de volar.... y que tus alas sigan fuertes, abriendo camino a tu sonrisa. Porque parece que sí, que brilla radiante por fín, que todo eso que llamabas amor, solo se llama ya cariño. Porque puedes decirlo con seguridad: Ya nadie tiene defectos que sean inmunes para tí. Ya nadie.


:)

viernes, 22 de julio de 2011

Nunca me abandones

Cuando vengo aquí imagino que este es el lugar donde va a parar todo lo que he perdido desde la infancia. Me digo a mí misma que si eso fuera cierto y esperase el tiempo suficiente, vería como una diminuta figura aparece en el horizonte al final del prado y se va haciendo cada vez mas grande hasta que lo reconozco. Me saludaría con la mano y tal vez me hablaría. No permito que la fantasía vaya más allá, no lo soportaría. Y me consuelo recordando que tuve suerte de pasar un tiempo con él.
Todos cumplimos. Quizás nunca lleguemos a entender lo que hemos vivido. O quizás nos haya faltado tiempo.

texto e imagen: Película Nunca me abandones

martes, 19 de julio de 2011

Hoy quiero que parezca que nunca fui tan feliz

 Cuantas veces a lo largo de nuestra vida creemos ser felices, o sencillamente, ¿lo somos? Un momento al azar nos hace felices y lo disfrutamos a tope. Lo recordamos durante un tiempo más o menos duradero. Luego llegan más momentos. Algunos mejores, otros peores. Pero siempre los hay. Siempre sale a flote alguno de esos que nos recuerda lo mucho que merece la pena vivir. Que nos arranca sonrisas infinitas durante pequeños minutos, pero que duran y duran y perduran en nuestra memoria. Una tontería dicha a tiempo, un error sin importancia, un traspié, una fiesta, una canción, un cruce de miradas, el roce de dos cuerpos, un baile, cuatro fotografías, un poquito de alcohol, un bar, el agua, incluso una pila de apuntes. Cualquier cosa es suficiente para marcar un recuerdo como feliz. Siempre y cuando la compañía sea un buen ingrediente, lo demás fluye solo.
Yo tengo algunos favoritos. Y no puedo evitar que sea así. Tengo una lista de momentos VIP que inevitablemente, trepan siempre a los primeros puestos cuando de ser feliz se trata. Este es uno de ellos. 
Lo descubro cada verano, aunque a veces se me olvide. Especialmente y hace poco más de una semana, descubrí que jamás nada me haría sentir aquello. Como a la vez que era feliz, era tan consciente de ello. Vi como el tiempo se detenía entre mis dedos, y como mi cabeza asimilaba el grado de felicidad que estaba rozando. Y fue maravilloso. 
No necesitaba más que encontrarme alrededor de cuarenta niños y niñas de todas las edades, siete buenos amigos, y cuatro veteranos de la vida que me pusieran los pies en la tierra cuando creía despegar. Ah, también era imprescindible encontrarme en ese lugar. En la casita del Frasno. Ese sitio en el que las agujas del reloj se detienen para dejar paso a las mejores sensaciones, para albergar los mejores recuerdos y sobre todo, para ser infinitamente feliz. Tanto, que no soy capaz de explicarlo.
Os lo muestro mejor. Bienvenidos a los campamentos de las Siete Palabras en el Frasno  :)



Gracias. Infinitas gracias a todos los que lo hicisteis posible.

lunes, 4 de julio de 2011

Me voy

Al fin, tras un año intenso y cargado de momentos inolvidables, llega de nuevo el mes de julio. Un mes que desde hace ya siete años, me lleva al Frasno. Un mes en el que diez de sus días tocan la felicidad con la punta de los dedos, días que saborean la ilusión en cada minuto, y emanan sonrisas a cada segundo que transcurre.
Y es que este campamento es la salida a cualquier mal, es el mejor remedio, la mejor solución.
Así que me marcho, me voy a desconectar, a respirar aire puro y carcajadas de niños con ganas de pasarlo bien. 
No sé si había necesitado alguna vez tanto un aclaro de ideas y despeje de mente. Necesito ver únicamente las pequeñas cosas de la vida para disfrutar de ellas y demostrarme que lo demás no son mas que tonterías. Necesito sentirme bien de verdad, como solo allí lo consigo. Centrar mis prioridades, humanizarme, pensar y relajarme. Sobre todo, descansar de la sociedad que me contamina. Y por supuesto, celebrar que otro año más, he aprobado un nuevo curso, que me conduce  a  estar cada vez más cerca de mi sueño de ser una gran publicista.
Sed felices y...