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viernes, 17 de enero de 2014

Champán para todos

Sé que estarás dando una alegre fiesta en un claro del bosque, perdido en el Caribe, seguro. Que en cualquier momento te dedicarás a descorchar una botella de champán (cuidado), y que cuando todos te miren expectantes, te comerás un papel prendido en fuego. Disfruta Ángel Guardia, sigue siendo feliz. No importa dónde, pero sigue. Yo te juro, que te sigo recordando. Y cada día más, admirando.
Soy feliz. Lo soy, y he aprendido de ti.
Gracias.

Feliz cumpleaños.



martes, 17 de enero de 2012

Sin parar de reír

Hoy es un día para celebrar. El 17 de enero de 1969 nació Sergio Algora, un genio. Una persona de esas, que arrastran tantas ganas de vivir que parece una broma de mal gusto que la vida no le dejara. Alguien que vivió poco, pero feliz. Mi maestro.  
El otro día me contaron que la felicidad estaba en los genes. Y yo entonces lo comprendí todo. No tengo ninguna duda de que si soy así, es porque él me lo ha enseñado. No sé si directa o indirectamente, no sé si necesité que se marchara para darme cuenta, o si era cuestión de tiempo que estas inmensas ganas de perseguir mis sueños sin importarme nada más, de comerme el mundo a bocados, y no esperar al tiempo, porque él jamás se parará a esperarme a mí..., se estancaran  conmigo para no irse nunca ya. Porque cuando me lo dijeron solo me vino su nombre a la mente. Solo le vi a él, siendo feliz. Riendo a carcajadas con esa risa que a veces descubro en la cara de mi padre. Le vi marchándose a dar conciertos por la geografía española, le vi de fiesta en fiesta, echando fuego por la boca. Le vi haciendo lo que le apetecía, aprovechando su tiempo. Su poco tiempo. Y después me vi a mí. Y supe que no lo estoy haciendo tan mal. Porque me lo ha enseñado él. Porque a diferencia de la mayoría de la gente que se pasa la vida persiguiendo el tiempo que no tiene, gastándolo inconscientemente, dejando las cosas que desea para un "mas adelante" que ni siquiera saben si tendrán... yo procuro seguir sus pasos, y no caer en esa falsa felicidad que no se llama mas que rutina.
... Tengo tantas cosas que agradecerte, y tantas ganas de de hablar contigo, que eso es lo que realmente me puede llegar a borrar la sonrisa. Únicamente eso. El no poder hacerlo ya más. Pero después vuelvo a acordarme de que no querrías que nada la borrara, y vengo aquí y te escribo. Porque pensándolo mejor, seguro que sí puedo decírtelo. Y quizás algún día vengas y me leas. Así que por si eso pasa... hoy lo más importante que quería decirte, es que no se me olvida que si las cosas hubieran sido de otro modo, muy posiblemente el domingo iríamos a comer a tu casa, a celebrar, a juntarnos todos en una de las pocas veces al año que lo hacíamos. No va a ser así, pero no quita que quiera brindar igual. Champán para todos.
Feliz cumpleaños tío.


Y mi ángel guardia será el truco definitivo para pasar un año sin parar de reír.
Qué bien sabe no existir.

jueves, 23 de junio de 2011

ven

No sería ni la primera, ni la segunda vez que lo haces. Sabes que me encanta, que me das paz, que me renuevas. Necesito verte de nuevo. Me iré a dormir en breves, es tardísimo y debo descansar. Aunque si te soy sincera, no tengo ganas. No, porque voy a tener mi examen en horas, y no me siento preparada. No creo que lo esté. Necesito seguir invirtiendo tiempo en repasar, pero no hago mas que perderlo. 
Si vienes a verme... te prometo que me pondré en serio. Que me olvidaré de este chisme que tanto daño me hace. Llevo horas infinitas recordándote a través de mil soportes diferentes. Aunque no he sido yo quien ha abierto el baúl. Pero le entiendo, porque ser fan es una de las cosas más bonitas. Y tiene que ser triste no haber tenido la ocasión de conocerte. Por eso, ahora que me conoce a mí, quiere saberlo todo. Y me lía... me introduce también a mí en esta sensación asfixiante de incomprensión de todo y nada a la vez, que me recuerda que esos soportes son precisamente lo único que me queda de tí. Y es que, me niego a que así sea. Igual que me niego a creer que ya son tres años los que hace que te marchaste. Te juro que daría cualquier cosa porque me vieras. Porque supieras lo que he crecido y cambiado. Claro, que hay cosas que no cambian... pero soy cabezota, y debías tener claro que mi ídolo seguiría siendo el mismo ahora con 20 que con 17 años. Pero estoy conociendo muchas cosas nuevas, estoy aprendiendo a vivir, a ser feliz. Solo tengo que recordarte para tomar el mejor ejemplo. Lo que no puedo arrancarme es la sensación vacía de no poder charlar contigo nunca sobre mí, ahora que entiendo la vida, ahora que he crecido, que me inquietan tantas cosas. Daría lo que fuera por hablar, por contarnos... por que no te hubieras ido.
Intentan que deje de ir al campamento, que crezca de golpe, que piense en mi futuro. Pero si incluso el poder despedirte por última vez, lo impidió mi presencia allí, no puedo faltar por esto. No puedo.
Quiero estar cada nueve de julio entre esas paredes y entre esas personas. Quiero seguir engañándome creyendo que a unos kilómetros de distancia, estáis tú y todos los demás echándome de menos en cualquier fiesta familiar. Nueve de julio. Nunca borraré esa fecha de mi cabeza, pero mientras esté allí, sé que seré feliz.
Ven, por favor. Hazme una visita de esas en las que sonríes y bromeas sin cesar. Recuérdame el sonido de tu voz y de tus carcajadas. Échame la bronca por mis gustos musicales, recomiendame un libro o una peli... lo que sea, pero ven. Necesito verte. Te prometo que después despertaré y lo recordaré como un sueño nada más. Que daré recuerdos a todos. Que brindaré por tí.

Pero ven.
Tengo que contarte todo lo que te admiro. Tienes que contarme todo lo que eres.



martes, 16 de noviembre de 2010

Carta al caribe, II Parte.

Siguen pasando los interminables meses a este lado. Transcurren las semanas, a veces, también los días. Las horas y los minutos, sin embargo, corren muy deprisa. Demasiado, a mi parecer. Tienen miedo de quedarse atrapadas en el tiempo, y desordenan todo el universo de arena que se esconde dentro del palpitar de cada reloj.
Hace tiempo que no lo distingo del resto de medidores. El termómetro midió la temperatura de mi corazón hace unos... días. Pero pocas semanas después una báscula calculó los gramos de amor que quedaban en mis manos. Un calendario no tardó en medir los grados que apuntaban a que mi cordura estaba sobrepasando los límites de locura.
La locura me persigue desde el día en que decidí que una fusión entre ambos lados, sería lo más serio en este mundo tan poco cuerdo. Yo te necesito. Sigo esperando despertarme con la sensación de que has estado conmigo toda la noche, y sin embargo, mi primera impresión tras el despegue de mis pestañas, es que con una suma de horas más en esa báscula invisible, te has alejado.
Sigue transcurriendo esta vida incoherente que se te llevó sin avisar y sigo odiando al segundo que lo hizo, al día, a la semana, al mes, al año en que el universo conspiró para sacarte de mi realidad. Esa que por momentos, pierde su sentido al comprobar que no sigues pintando la línea que separaba lo real de la felicidad.
Te quitaron de aquí demasiado pronto. Me hicieron aprender demasiado rápido. Sigo esperando a despertarme. Sigo negando que he de entrar en este nuevo segundo que viene con fuerza, cual ola en el mar, para llevarme a otra primera vez.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Su empeño fue convertir sus sueños en realidad.

"Un maño fogoso asesinado a traición por un corazón alegre... pero débil. Sergio Algora murió a los 39 años de edad, y esa no es forma de morir por muy rápido que se haya vivido; con su cuerpo se va un cerebro cargado de ideas brillantes como pequeñas y repentinas explosiones, únicas y contagiosas.


Cantante asmático, barbudo con mirada de niño, su empeño fue convertir sus sueños en realidad. Ahora, como cantó en 'El rey ha muerto', "este es el más triste final de un cuento" "


(leer completo en el final de la columna de la derecha de este blog)

Cómo te estará fastidiando, que todo esto lo aplique a lo que lo estoy aplicando yo ahora :) 
También lo hago con muchas cosas más, de verdad. Seguro que tienes que saberlo. 
Me encantaría que me comprendieras. Que desde donde estés, las cosas se entiendan desde todas las perspectivas... y que, no sé, te alegres por mí.

Ojalá hubiera podido demostrártelo debatiéndolo una y mil veces. Ojalá.

jueves, 1 de julio de 2010

No te vayas

Cuando faltan tan solo nueve días para que ya haga dos años de tu marcha... y yo, te recuerdo más que nunca, te pido, por favor, que no me sueltes. Sé que estás aquí, conmigo. Sé que estás a mi lado y que vas a darme toda esa tranquilidad que necesito. Y tan solo quiero darte las gracias. Dos años son demasiado tiempo ya... pero te juro que estás tan presente en mí como si el tiempo se hubiera detenido.
Sé que sabes lo importante que es esto para mí. Símplemente, lo sé. Igual que tengo la certeza de que eres tú quien me sopla ese aire cuando siento que me ahogo.
Te echo tanto de menos...
Te quiero tío. Siempre.

martes, 27 de octubre de 2009

CÓMO DUELE AHORA

Me acuerdo mucho de él. Siempre. Todos los días.
Pero desde que me visitó en sueños la semana pasada, si cabe, todavía lo recuerdo más.
No puedo quitármelo de la cabeza. No puedo.
Siempre me dolió su marcha. Pero ahora, cada día lo hace más.
Cada minuto que pasa se hace más desesperante al comprobar que no está, y que no lo estará más.
Que no volverá de este viaje y que todo lo que hay de él, es todo lo que tendré siempre. No habrá nada nuevo, nada más.
Que no volverá a escribir, a cantar. Que yo me lo perdí, que no lo aproveché como sé que me hubiera gustado hacerlo... no me dió tiempo.
Y ahora me he quedado vacía. Me siento partida en dos, me falta algo, y no puedo dejar de sentirlo.
Al principio era tristeza, era saber que se había ido, aceptarlo, y ya. Pero ahora, ahora se hace tan difícil aceptarlo sin más... es, que simplemente, no puedo dejar de pensar en él como si siguiera aquí. Necesito leerlo, escucharlo, demostrarme que sigue muy presente y que nunca va  a irse del todo.
Ahora es cuando de verdad duele su partida, cuando se nota, cuando se hace cuesta arriba y muy, muy pesada.
Nunca había pensado en todo esto porque siempre pensamos que a nosotros no nos van a pasar este tipo de cosas. Siempre somos a los que no nos va pasar... pero estamos equivocados. Muy equivocados.
Yo, aquel 8 de julio me fui de campamentos, y desde que volví no he vuelto a ser la misma. Nada ha vuelto a ser igual. Ni volverá a serlo nunca.