lunes, 27 de febrero de 2012

Tú me haces mas fuerte

Hacía mucho, muchísimo tiempo que esperaba ver anunciado un concierto suyo en Zaragoza. Hace más de un año que le sigo la pista, que mis ganas de verlo en directo aumentaban conforme cada canción se colaba en mi lista de reproducción. Finalmente dejé de escuchar alguna que otra, para pasar a escuchar el disco al completo. Una y otra vez. Me gusta. Me gustan sus letras y su voz. Me gustan él y su guitarra. Y una vez visto en directo, más. Mucho muchísimo más. Y el viernes al fin POL 3.14 estuvo aquí. Concretamente en el lugar donde he vivido algunos de los mejores conciertos de mi vida, la Casa del Loco. No pensé que pudiera transmitir tanta energía. Tantas ganas de querer ser jóvenes eternamente. Y por eso superó con creces todas mis expectativas. Fue más que genial. La fusión perfecta de buena música y buen rollo. De optimismo y de ganas de disfrutar. Fue un ejemplo más de que la música, salva. De que la música en directo es la mejor opción para desconectar, para vibrar, para sonreír, para sentir que todo tiene sentido. Así que, Gracias Pol, por hacer que siga creyendo en la música. Y en este caso, en tu música. Porque me encanta.
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jueves, 23 de febrero de 2012

Paren la vida, me quiero bajar

Hace unos días, en clase, veíamos un documental sobre la muerte. Concretamente sobre como superar el miedo que esta provoca y cómo afrontar que a veces, hay que dejar que nuestros seres queridos se vayan. Cómo reponerse, y seguir adelante. Lo que pasa es que todos los casos eran de personas que conocían su estado, tenían una enfermedad y tarde o temprano, habrían de marcharse. Y el trabajo emocional que conlleva dejar que alguien a quien quieres, se vaya marchando poco a poco, es aplastante.
Pero no me enseñaron ningún caso de como superarlo cuando no lo esperas. Cuando alguien a quien quieres se va, sin más. Una noche se acuesta, pero nunca vuelve a despertarse. Tu mundo se cae y se rompe en mil pedazos. No contabas con ello, esperabas vivir muchísimas más cosas junto a esa persona. Querías seguir viéndola, querías, por lo menos, poder despedirte. Pero eso jamás pasa y esa espina se te queda grabada para siempre. O aprendes a vivir con ella, o internamente te mueres tu también. 
Ya sentí eso una vez con alguien demasiado cercano como para que con el paso de los años me siga doliendo, y siga maldiciendo a aquel corazón rebelde que se paró, sin que nadie le diera permiso. Cuando todavía no le tocaba. Y ha vuelto a pasar. Otro corazón, en otra persona. Y no puedo entender porqué. No puedo, ni siquiera aceptar que otro corazón haya vuelto a pararse, sin que fuera su hora. Cuando todavía tenía mucho, pero que mucho por latir. Cuando todavía quedaban tantas bromas que hacer, sonrisas que regalar y muestras de cariño que dar. ¿Quién ahora va a llenar su vacío? ¿quién va a calmar a su familia?. Si ni siquiera se han podido despedir. 
No lo entiendo. Y cuanto más lo pienso, más terca me pongo. La rabia lleva todo el día apoderándose de cada una de mis venas. Estoy enfadada, pero lo cierto es que no sé quien o qué tiene la culpa de que ya no vaya a ver nunca más a Fernando.
Fernando es la persona que me enseñó a tocar el tambor. Junto a Pili, su mujer. Si alguien me conoce un poquito, aunque sea un poquito solo, sabrá que mi cofradía es una de las cosas en las que más me involucro, que más me ilusionan y que desde bien pequeñita forma una parte muy importante de mí. Pues él es uno de los culpables de que esta cofradía tenga tanta magia. Porque cuando todavía no había casi nada que me atara realmente a ella, aprendí a tocar el tambor, formé un pequeño grupo de amigos que hoy en día todavía conservo e incluso se ha multiplicado. Hicimos con él nuestros primeros viajes para concursar con nuestro toque y temblé por primera vez, muerta de los nervios antes de salir a tocar. Luego nos regalaban bolsas gigantes de chucherías y todo pasaba. 
Recuerdo las comidas todos juntos en el restaurante de Híjar y cómo después de comer nos compinchábamos para darle un regalo. Y siempre, siempre se emocionaba al vernos llegar con él. 
Los años pasaron, y no en valde. Dejamos de pertenecer al grupo infantil, pero la buena relación nunca desapareció. Cada año volvíamos a vernos en los ensayos y siempre había mil bromas que hacer y saludos cariñosos que mostrarnos. Para el resto del año, facebook hacía su función desde algún tiempo, pues en más de una y de dos ocasiones habíamos contactado por ahí. Era una grandísima persona, de esas que identificas y catalogas como buena a kilómetros, y a quien en seguida coges cariño, porque se te gana en la primera conversación. Todo el mundo lo apreciaba y todos hoy lo recordamos así.
Cuando era pequeña y pertenecíamos a su grupo infantil, cada año por mi cumpleaños me llegaba una postal felicitándome. Si las busco, seguro que las tengo todas guardadas. Igual que la medalla de la Virgen del Pilar que nos regaló un año. Esta mañana la he sacado y he vuelto a ponérmela. Parecía que el tiempo no hubiera pasado. Pero sí, y de qué manera. 
No sé, no sé como me siento. Siento una rabia que no puedo describir, pero no tengo contra qué descargarla, porque no sé quien tiene la culpa. Quizás ese corazón, pero ya está parado y no hay nada que hacer. Tampoco pensaba que esto fuera a afectarme así, pero lo cierto es que no puedo, no puedo evitarlo y llevo todo el puto día con su imagen grabada en la mente, con su voz y su risa. Y no puedo aceptar que se haya ido para siempre. No puedo. Por más que lo intento. Me trae demasiados recuerdos.
Supongo que será cosa del tiempo, como siempre.


No voy a olvidarme de tí Fernando. Fueron muchas cosas las que me enseñaste. 
Algún día volveremos a vernos :)

jueves, 16 de febrero de 2012

Quien quiera peces, que se moje el culo

Me estoy cansando. Juro que me estoy cansando. Estoy cansándome de todas las veces que juré que serían la última, y aquí están, repitiéndose. Estoy cansándome de que los humos suban tan alto que ni la música que retumba en mis cascos pueda alcanzarlos. Estoy cansándome de que tenga que aguantar, esperar y seguir aguantando, únicamente porque sí. Cada uno es como es, ahí estoy de acuerdo. Pero tantas formas de ser han hecho que me olvide de como es la mía. Y, ¿sabéis qué? que se ha acabado tanta tontería. Y tanta contemplación. Que vale ya de aguantar cuando hay que aguantar, de esperar a que pasen mil tormentas y después, olvidar y reiniciar. Porque sencillamente, no me da la gana. Yo también soy como soy. Y ahí entra a formar parte el que según que cosas me afecten más de lo que debería. Yo hago un esfuerzo, pero al fin abro los ojos y descubro que por mí nadie hace ninguno. Simplemente consiste en tragar y tragar y más tragar. Pero, ¿sólo yo? Que no. Sin motivos, además. Todos tenemos mil cosas que a los demás no gustan, pero que aceptan, porque forma parte de las relaciones y de la amistad. Y los fallos más tontos se convierten en anécdotas. Pero yo estoy más que agotada ya. Estoy cansada de las alzas y bajas, de las rachas que se lo cargan todo, y sobre todo, de tener que hacer como si jamás hubiera pasado nada después. De que parezca que tenga que suplicar por seguir con esto, de que solo yo esté en el barco. Estoy muy cansada de comportarme como una estúpida. De dar tanto y de recibir lo justo. De verdad, estoy harta. A partir de ahora, quien quiera peces, que se moje el culo. Y se acabó.

miércoles, 15 de febrero de 2012

E de Él

Me he dado cuenta de que cuando echas algo mucho de menos, tienes que poner remedio, como sea. Tienes que ir a buscar ese algo, o a ese alguien. A veces no se puede, lo sé. Pero otras sí. Y por eso yo hoy he corrido lo más rápido que he podido a por una de las cosas que más echo de menos día a día.
Echo de menos sobre todo, sus miradas. Algunas te destruyen, pero esas son muy pocas. La mayoría de sus miradas dicen, a veces, mucho más que él mismo. Echo de menos el número de veces innumerables que podíamos llegar a vernos o hablar en una semana, porque lo cierto es que ahora... si es una, da gracias. Echo de menos sus tonterías, sus arranques estúpidos y sus mil maneras de hacerme reír. También sus conversaciones, esas conversaciones a las que tanto nos cuesta llegar, y de las que tanto nos cuesta irnos. Echo de menos los días que solo son nuestros. Hagamos lo que hagamos. Nos acompañemos a donde nos acompañemos. Tardemos lo que tardemos en bajar. 
Echo de menos comerme el tarro un tiempo para llegar a preparar una tontería de sorpresa para que le haga ilusión. Y ver en él su cara de sorpresa. Y que él consiga encontrármela a mí. Y ver como tenemos mil maneras de volver a empezar. Y de creer en lo fuerte que es este nosotros.
Echo de menos que el mundo gire tan deprisa que tenga que darle un abrazo asfixiante, para demostrarle que por muy rápido que se empeñe en ir, yo siempre seguiré a su lado. 
Y lo que más echo de menos, es decirle que le quiero. Que le quiero mucho, muchísimo, más que infinito. Y también, que es una de las personas más bonitas y más especiales que se ha cruzado jamás en mi camino. Y que siempre, pase lo que pase, siempre, significará lo mismo para mí. 

lunes, 13 de febrero de 2012

Tengo ganas de tí




Ciento veinte días son interrumpidos por treinta minutos que pasan como si hubiera transcurrido uno solo. Haces que el tiempo pase a tu antojo y eso me gusta. Me gusta tanto como que tú me gustes también solo cuando se te antoja. Me mareas y te haces de rogar hasta el último segundo en el que mi impaciencia explota y tus líneas me devuelven la cordura. Y eso también me gusta. Tienes los segundos en tus manos y los manejas con tanta soltura que ni sabes que lo estás haciendo. Pero vuelves a conseguirlo. Consigues eso, y también que me enganche a tus besos, aunque los separen lustros. Porque de tan despacito, te está saliendo buena letra.
En realidad, es todo lo por lo que debería odiarte, por lo que me gustas.

viernes, 10 de febrero de 2012

No hay vacío, ni frío sintiéndote.

Entiendo como sueño aquello que te mantiene vivo. Pero vivo de verdad. Aquello que imaginas y deseas realizar con todas tus fuerzas. Aquello por lo que suspiras y con lo que sonríes tan solo de imaginarte viviéndolo. Para mí, sueños son todo aquello, donde las cosas que nos gustan y nos remueven algo por dentro, forman parte. Son algo imprescindible para senrtirte pleno, para seguir adelante, con fuerza. Para tener siempre una sonrisa en la cara. Para ser feliz. Se es feliz cumpliendo un sueño que llevas mucho tiempo esperando cumplir. Pero también se es feliz imaginándolo, se es feliz preparándolo, comentándolo y también recordándolo. Se es feliz reforzándolo y sobre todo, superándolo.
Y aquí es precisamente donde me detengo yo para hablar de mi sueño. De eso que llevaba tanto tiempo esperando vivir...o re-vivir, qué mas da. Del momento en el que pudiera volver a tener frente a frente a la persona qué más sensaciones y sentimientos maravillosos me ha hecho sentir. A la persona que consigue que crea que todo, absolutamente todo es posible, solo con sonreír, solo con dedicarme una mirada, aunque dure dos segundos. Él, que entona una sílaba y me hace feliz. Porque su voz es mágica. Y no puedo describirla con más palabras, porque sencillamente... por mucho que me estruje los sesos buscando una mejor, no la encuentro. Es magia oír su voz. Lo juro. Estar a escasos metros, atendiendo a cada una de las ejecuciones de su garganta, admirando tanta pureza.... es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Y ojalá que todo el mundo pudiera sentir esto alguna vez en su vida. Porque yo, mejor no puedo describirlo. Hay que vivirlo para poder entenderlo.
Y no es solo eso. Porque después pasa. Pasa que esa voz pertenece a una de las mejores personas que he conocido jamás. Me sobran ejemplos anónimos a lo largo de su vida, en su forma de ser, para poder afirmarlo de manera segura y totalmente rotunda. Me sobran sonrisas, miradas cómplices y palabras de cariño. Besos, caricias e incluso un abrazo que jamás podré olvidar. Sobre todo, me sobran palabras de agradecimiento. Porque lo cierto es que no sé quien ha dedicado más a quién. Si yo a él, o él a nosotros.
Y no puedo dejar de admirarle. Bueno, en realidad lo que no puedo es dejar que mi admiración deje de crecer cada vez más. ¡No puedo pararla! Es imposible.

El martes fue uno de esos días en los que todo está planeado para que un sueño se cumpla. Un día que llevas meses preparando. Un día, que todas las personas que te quieren y también muchas de las que tan apenas te conocen (pero su bondad es ejemplo a seguir) han conseguido para ti. Un día que él mismo escogió para ti en el momento en que se quedó con tu foto, para que cumplieras ese sueño, del mismo modo que tú le ayudas a cumplir el suyo día a día, desde hace ya una década.
A las 7am, las mejores compañeras de aventuras que existen y yo, nos subimos a un bus con destino Madrid. Para vivir su día. El día de David Bustamante, que gracias a BBVA fue posible, y perfecto. La mañana, tras recoger las entradas en el teatro Häggen Dasz, fue tranquila, ultimando el que iba a ser "mi instrumento". Los nervios se apoderaban de mí conforme pasaban las horas. Tras comer, volvimos al teatro. Disfrutamos de su exposición, de esos diez años de carrera que tantas alegrías nos han dado. Nos grabaron para la tele, inmortalizamos cientos de momentos... y seguimos aumentando esos nervios que estaban a punto de terminar conmigo.
La hora llegó. Y con ello, el instante en el que empezaría a cumplirse de verdad lo que tantísimo tiempo llevaba esperando. Esa superación de todas mis anteriores oportunidades. Mi momento, para mirarle a los ojos y decirle todo lo que yo quisiera. Para que fantasía y realidad se alinearan en el mismo lugar y se fusionaran en una sola. Nos subieron a la planta más alta del teatro, nos colocaron en fila y nos hicieron esperar. Estaba la segunda. De pronto una puerta se abrió y él salió por ella. Cruzó el umbral que separaba mis deseos del instante de su realización. Y sucedió. Se plantó frente a mí, me sonrió, mucho, muchísimo. Y me saludó con los dos besos más bonitos del mundo. Y siguió adelante... hasta que la fila terminó. Entonces se colocó para recibirnos uno a uno, a escuchar lo que tuviéramos que contarle y a firmar todo lo que quisiéramos darle.
Finalmente me tocó. Me armé de valor y me acerqué. Sonriente. Con una sonrisa que no me cabía en la mandíbula. Y di el Play a nuestra conversación, a esa que llevaba tanto tiempo esperando tener. Se lo conté todo. Le hablé de mí, de mis corazoncicos. Le expliqué que no tenía nada para que me firmara, porque yo lo único que quería era entregarle algo. Le dí lo que con tantísimo cariño había preparado... y no dejó de admirarlo durante unos minutos. Le conté la nueva idea de Belu, el Diario de Abordo para las próximas Busta-aventuras. Y lo firmó. Y nos escribió que nos quiere. Hicimos fotos... y nos despedimos, con otros dos besos cargados de cariño. Y de sonrisas. Me giré, iba a irme... pero él aun tenía algo que decirme: "Olé esos maños!" Y en ese momento mi felicidad explotó. Mi ilusión se convirtió en una fuente que lo empapó todo y mi felicidad sobrepasó los límites de lo establecido para seguir subiendo y subiendo... hasta lo más alto.
Y cuando creía que no era posible ser más feliz, el concierto comenzó. Y lo ví junto al escenario, en una posición tan privilegiada como lo es haberlo conocido y poder ser su fan.
Fue un concierto tan inolvidable como lo es cualquiera a cargo de él. Pero este, si cabe, un poquito más perfecto. Porque la cercanía era imposible de superar. Su chorro de voz, imposible de mejorar. Su entrega imposible de igualar. Su sonrisa, imposible de olvidar. La perfección existe. Yo la sentí. Yo la ví con mis propios ojos y rodeada de un montón de gente que estaba percibiendo lo mismo que yo.
La magia existe. Para mí, existe. Y es gracias a David Bustamante.






Gracias David, por hacerme tan feliz!
Gracias BBVA por hacer realidad este sueño.
Gracias corazoncicos, porque sin vosotras, esto no tendría sentido.
Gracias Lara, porque sin tu foto, nada habría sucedido :)
Gracias a todos los que me distéis vuestros votos y os dejasteis la piel porque mi foto fuera de las más votadas.
Gracias a la vida, ¡porque soy infinitamente feliz!

lunes, 6 de febrero de 2012

Me salvas

Puede parecer una tontería o algo sin sentido para muchos. Y yo lo sé. Pero tampoco me importa, si a mí me hace sentir así. En momentos en los que no me aguanto ni yo, porque mil cosas a mi alrededor me ponen de mal humor, me impacientan y me irritan... está él, que sin poder ser consciente, me mantiene en pie, recordándome la cantidad de cosas que merecen la pena. Está él, que me acerca a mis sueños, incluso a los que nada tienen que ver con él. Me aleja los milímetros exactos y necesarios del gris casi negro en el que se ha vuelto todo.
Y lo único que necesito es que aparezca su rostro, que sonría y se disponga a cantar. Porque en ese momento en el que comienza... absolutamente todo lo demás pasa a un segundo plano. Y es maravilloso que logre algo así, porque lo cierto, es que es una de las pocas personas que cuentan en mi vida con ese don. Que quizás todas lo tengan, pero la mayoría ni lo sabe, ni quiere saberlo. Y no se van a molestar tampoco en intentarlo.
Me gusta dar las gracias. Me hace sentir bien, me reconforta. Lo hago continuamente y siempre que tengo la ocasión. Y no hay nada ahora mismo que necesite más que poder dárselas a él. Agradecerle por todas esas veces que me ha sacado una sonrisa, que me ha llevado a imaginar lo inimaginable, a soñar tan alto como vuela su voz. 
El pensar que esto se cumple en escasas 30 horas... y que lo tendré frente a mí, para poder decirle todo lo que quiero y necesito, me tiene histérica. No puedo dejar de pensar en qué es lo que voy a hacer ni en como me voy a comportar. Qué es lo que voy a hacer para que mi presencia, entre todas, no sea una más. Para ser yo más que nunca. Estoy nerviosa. Muerta de la ilusión, pero muy muy muy nerviosa. Mi día está aquí, está a punto de suceder... y solo de pensar en lo feliz que voy a ser... buf.
No sé que sería de mí sin él, en días como hoy. En los que parece que el mundo se ha compinchado para no poder dedicar ni un minuto a saber si realmente estas bien. Hay cosas que nunca cambian, y las hay que cambian sin avisar para no volver jamás a ser lo que eran. Pero hay algo que siempre será lo mismo. David Bustamante, para mí, siempre será quien me salve cuando nada más pueda hacerlo. Cuando una llamada  nunca llegue, ni un mensaje nunca sea respondido. Cuando un qué tal o una disculpa no lleguen a tiempo. Oigo su voz diciendo "aquí estoy yo..." y me salva. Sin ninguna condición.